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martes, 17 de junio de 2014

Juguemos (10 de Junio. 2014)

"Noche, la única muerte viva" Miguel Ángel Nieves - Octanos.

Juguemos a que me hielas un poco más.

Juguemos a que no espero tu mirada desafiante, clavada en mis ojos que se pasean impacientes por un libro viejo de Cortázar.

Juguemos a que no quiero besarte más, a que tu abrazo no es más que un recuerdo vago.

Juguemos a que la muerte viva no me reclama tu cuerpo, a que no viene cargada del perfume sublime de tu olor natural.

Juguemos a que no me canso de jugar y ganar.

Juguemos a que cada victoria no me acerca más a ti.

Juguemos también a que tú ganas, a que todo está bien.

Juguemos a que no existen las lágrimas, a que las sonrisas son completamente sinceras.

Juguemos a que no nos persigue la sombra del otro, a que estamos completos.

Juguemos a que no hay vacíos en el corazón, a que encontramos lo perdido en cada esquina.

Juguemos a que somos un rompecabezas repetido, a que otros cuerpos encajan con exactitud con el nuestro.

Juguemos a que no rendíamos culto a muchas muertes vivas, a que no hacíamos que la luna llorara desconsolada por sentirse sola cuando nos alumbraba...

También podemos jugar a que nos tomamos un café bien cargado, a que dejamos en la mesa, junto con la cuenta, el desastre en el que nos hemos convertido.

También podemos jugar a sonreír de verdad...

Un beso leve (8 de Junio. 2014)‏

Entró sin aire al pasillo del quinto piso. Supo, desde que la vio, que había surgido una nueva necesidad: tenerla. Cargaba grilletes negros como una noche sin luna ni estrellas, cicatrices leves, pero numerosas: caos; ni más ni menos.
Comenzó un discurso frágil repleto de titubeos y lagunas pantanosas. Pedía un encendedor oxidado que él había puesto sobre la mesa, desde donde la observaba detenidamente. Luego gritaba con los ojos, con las manos, con el alma. Los ángeles de las ventanas interrumpieron su copiosa canción para escuchar los alaridos incesantes. Libertad y justicia, entre otras cosas. 
Se puso de pie con una lanza de pleitesía y una punta afilada con un dejo de arrogancia que arrojó sobre su boca tan pronto pudo. El encendedor se hizo el muerto apenas dio un paso hacia ella, dejando su cigarro con un beso leve, una pequeña chispa que fue obligada con dificultad a crecer, a consumir todo.
Entre la lluvia de cenizas que iba dejando, se acercaron. Tomó su mano con impaciencia. Había estudiado suficiente su mirada y había notado la inclemente curiosidad asomándose, despeinada y sonriente, por el par de ventanas. Entraron al sitio donde se escondía la luna, ansiosos. Allí jugó a desabotonarle los grilletes, a arrancarle a mordidas las cicatrices. 

A salvo y en libertad, se ocupó de cerrar las cortinas para dejar la luna por fuera. Comenzó a ordenar la habitación. Con gritos movía la ropa, con jadeos el techo... con gemidos movía libros, los acomodaba en las estanterías.
Terminado el acto recíproco, notó los grilletes azules como un cielo nutrido de sol. Surgió el cuchillo, llenó las sábanas de sangre, pero ya era muy tarde para apagar el encendedor: le había dejado un beso leve en la frente, una pequeña chispa...

domingo, 1 de junio de 2014

Hiato (1 de Junio. 2014)‏

No eres sabia y yo no lo sabía. 


Entre risas y caricias jugué mucho tiempo 
(mucho más de lo debido) a intentar 
transformar en diptongo el inevitable hiato 
que terminó por golpearme repetidas veces el rostro con la misma fuerza y el efecto 
contrario del café recién hecho.


Quise tanto invadir tu lienzo entre beso y 
beso, esbozar con cientos de colores una 
innumerable cantidad de paisajes, sembrar los problemas y hacer que creciera un árbol 
enorme para dormir en sus ramas o para 
escalar a una nube, sumergir los miedos en un  lago cristalino hasta que se ahogaran... 
cuidarte, para que me salvaras... terminé 
desdibujando mi orgullo y parte de mis 
fuerzas y dándome cuenta de que el árbol, las  nubes, el lago... no los estaba creando en 
nuestro mundo: todo lo estaba sacrificando de mi mundo para regalártelo a ti.

El cuarto oscuro, la sal compactada de un 
par de lágrimas que no pude quitarte de la 
cara a tiempo... todo se irá cabalgando 
torpemente.


No me arrepiento de la valentía suicida que 
me permitió arriesgarlo todo. El final, sin 
embargo, desde hace rato se veía venir. Ahora, si me disculpas (y si no, también), saltaré del  árbol para dormir bajo el agua.

Soledad (27 de Mayo. 2014)‏

"Sólo estaré solo los días de lluvia / los otros caminaré conmigo" Miguel Ángel Nieves - Octanos.



No es curioso ni casual que seas tú, Soledad, 
quien más aprecia lo que escribo: mis letras 
llaman a tu nombre, como la estocada limpia 
del verdugo llama a la sangre.


No es curioso ni casual que seas tú, Soledad, 
quien alimenta olas heladas de fuego y deseo 
que vienen a embriagarme hasta el cuello y a 
cambiarme los ojos de color.


Espero impaciente que caiga el torrencial que dibuja minuciosamente la sed y los 
despreocupados cabellos desordenados, para 
estar con Soledad y no con mi sombra.

Delirios de trances nocturnos (27 de Mayo. 2014)‏

"Mirando la voluta que brotaba dócil de su boca, se preguntaba él una 
vez más qué diablos hacia allí, con aquella mujer que podía destruirlo si sus reflejos no fueran tan certeros, si no intuyera el peligro cada vez que 
la poseía..." María Elena Llana - Apenas Murmullos.

Entrar en el jardín, entrar en la rosa azul y ahí, en ese angosto cilindro, en el más ínfimo 
detalle, conseguir el botón que acciona el 
conteo regresivo, la bomba que se llevara todo a su paso: un perfume con olor a cristal que 
gira sobre la grama lanzando ondas blancas.


La luna, esta noche, quiere dejarme marcas de lapiz labial en una mejilla; mientras tanto, tú 
te arrodillas y das a luz a un conejo, de esos 
que corren en pleno caos y parecen inmunes a 
la radiación que sufre por hacerlo sufrir.


Poco tiempo después comienza la tormenta 
eléctrica, de rayos de azúcar que te bañan el 
cuerpo en vez de partírtelo en dos. Una dulce melodía que te hace sonreír entre espasmos 
pronunciados y un hilo conductor entre 
nuestros ojos.


Así comienza el cortejo repleto de mordidas 
asesinas que no nos matan, como tu mirada sí  hace. Mientras tanto, yo procuro no mirarte 
esta noche.


Tengo guantes para no hacer contacto con tu  piel y una máscara para no poder besarte. Me    dedico a contemplarte, desnuda y miserable, 
ataviada de miedos, fracasos y esmeraldas que revolotean como luciérnagas apartando piel y exhibiendo grietas de tu profundo 
masoquismo.


Me dedico, finalmente, a doblar la hoja con 
cuidado, pues lo sé... sé que no nos 
hundiremos si nos lanzamos al océano, 
remando con las manos, en un barco de papel y con las explosiones al fondo.

Ferocidad (19 de Mayo. 2014)‏

"...me mordió con ansias de antropófaga, supe que sería devorado por ella y sólo quedarían sobre las sábanas los despojos de un moribundo que sucumbía a la ternura, pobre Diablo que se dejó comer en el amor" Miguel Mejides - Perversiones en el Prado.



Luego del segundo orgasmo, surgieron 
colmillos de sus piernas, de sus manos... de susojos. La criatura se aferraba al otro cuerpo con una ternura implacable, asesina. Era un baño 
rojo de amor. Un amor que vociferaba con 
locura, pues los vecinos no estaban.

Y cantaba, les juro por sus almas que 
cantaba por todas sus bocas entre gemidos, y 
arrastraba las casas, el cielo... hasta las 
estrellas las devoraba en una exhibición de 
apetito feroz. 


Puso su ser en sus uñas, que enterró sin previo aviso en el pergamino donde hacía su obra de  arte: y ahí mismo, por las diez rendijas, fue 
capaz de poseer ambos cuerpos.

Fue entonces cuando cantamos juntos en 
medio de la luz roja que se convirtió en lo 
único que quedaba en el universo además de 
ella.


Y desapareció, o yo desaparecí en ella cuando me devoró también a mí, con todo y luz.


Escalera de caracol (18 de Mayo. 2014)‏

"Las musas de los poetas son víboras cuyos colores embriagadores no impiden el mordisco envenenado" Alejandro Jodorowsky.


Te destejes, paso a paso, a medida que bajas por la escalera de caracol. Trazas círculos que gritan de júbilo, luego se acercan firmemente, hasta que queman. 

Viniste a hacer, con las señales de costumbre, lo que no se acostumbra, lo que nunca había sucedido. Y saliste cabalgando, con tu elegancia de costumbre y la ballesta inmóvil en la espalda, entre lunares y cicatrices. 

Me pediste que te siguiera, así que corro... hasta que ya no te veo. Hasta quedar abandonado, acompañado de dientes que están regados por todo el suelo. Y vienen todos a ver, pidiendo caídas entre tambores y risas. Son sabios y conocen todo, ven los cuatro collares, evidentemente. El morbo les recorre la piel como un escalofrío y la saliva dulce se les desborda como un panal que explota; enfermos.

La amenaza de tormenta me salva de la humillación. Tanta lluvia los espanta a todos; a mí, me hace una invitación para que me quede a cenar.


Después de las dos inyecciones, reposo pensativo sobre tu hombro y tú me tejes, paso a paso, a medida que subes por la escalera de caracol.