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miércoles, 8 de octubre de 2014

De hierro y miel (6/10/2014)‏

¿Por qué un Muro de Berlín entre mis manos y tu falda?
¿Por qué negarme a ser esclavo de tus uñas en mi espalda?

Ella parte las botellas de vino en mi cabeza
y siempre juega con su sombra cuando besa.
Para ella soy la mesa
cuando apoya su cerveza,
cuando se sienta a comer,
Y adoro cuando, con delicadeza,
me da en la boca una fresa
y me dice con placer: "no te puedes esconder".

Ella esparce las colillas por el piso
cuando pongo en sus costillas el aviso.
Ella sabe, por la forma en que me aferro
a su perfumada clavícula de hierro,
que no ansío más que el encierro
que esconde su paraíso.

Ella sabe, porque los ojos no callan,
que enfermaré de muerte cuando se vaya.

Y como tarde o temprano estaré moribundo,
no pienso en eso, y en su ombligo me hundo.
Y el naufragio es tan dulce
como una espada de miel.
Que me atraviesa la piel,
que me arrebata la hiel.
Procura no gritar mi nombre,
si piensas volver a él.

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José Tedesco

Bestias (22/9/2014)‏

Si me muerdes y te quedas,
como hábil sanguijuela,
y me paseas,
por ese mundo,
con esa mano,
con esa boca
que lanza fuego,
con esas chispas
que no me espero,
con la certeza
de que te quiero,
aquí bien cerca...

Si ríes mucho,
y luego lloras,
te vaciaré
de mi cantimplora
mientras te escucho,
te llamaré
para que me guíes
mientras yo lucho...

Te baño en vino
porque tú quieres,
si así es que miras
constantemente,
quita el aroma
de las mujeres
para habitarte,
y haz de tu arte
gran estandarte
para luchar
por lo que tú quieres.

Hazme tu bestia
con tus manos delicadas
y sé mi bestia,
sedienta y desenfrenada.

Hagamos pan
de lo primitivo,
tócame el piano
entre los gemidos,
usa tus dientes
en cada latido.

Pues somos bestias, y cayó la noche... y hoy nadie vendrá a recogerla.

"-Yo también sé francés, verás: Donc, yo soy... la bête. ¿Et tu?
¡Dios mío! Se dice: et toi... Pero bajo su boca, respondo desfallecida:
-¡La bête, aussi...!" Horacio Quiroga - La Bella y la Bestia.


José Tedesco

domingo, 21 de septiembre de 2014

Todavía (20 de Septiembre, 2014)‏

Tu esperanza con la mía
se encontraron al mercado,
y ante tal altercado
cometí la fechoría
de tenerte aquí a mi lado.

Abandonar la prosa
y las caricias medievales.
El silencio de estampida
que embiste mis arrabales.
La ginebra adolorida
que besaba todos mis males.

Si te quitas la camisa
y te recito en otro idioma.
Si escalamos por la brisa
y tu falda se desploma.
Si el aroma de tus ojos...
si los ojos de tu aroma...

Si me quitas la camisa
jugaré con tus dolores.
Uno a uno, los botones
que reboten en tu pelo.

Luego vete por dos días
y si escribo, no respondas...
luego búscame en las sombras,
y si escribo, no te opongas.

Si me quieres es completo
si no me quieres, no lo digas
me gustarás más todavía.
Y entre prosa y poesía
se me colarán los besos.


José Tedesco

Asalto (16 de Septiembre, 2014)‏


El techo era una cortina negra y vieja, un verdugo que ahogaba con sus huesudas manos cualquier vestigio de luz.


Horacio trabajaba todavía, presa de su energía inagotable y de su creciente temor a dormir. 

La vigilia, cada vez más insostenible, actuaba como un guardián infalible contra las poderosas ráfagas que eran sopladas desde el horizonte y venían a embestirle el rostro y a resquebrajarle la calma. 

...Y entre uno y otro golpe de hoz, la escuchó de nuevo. 

Comenzó como lo que parecía un inocente tintineo a destiempo. Era Clarisa, y él lo supo en seguida, pero trataba de ignorarlo. 

Si su instinto de fugitiva hacía su trabajo, podría sortear las trampas con su astucia de siempre, incluso si esta vez habían sido redobladas. 

A medida que sus manos adquirían confianza, el ruido se hizo ligeramente más perceptible. Casi podía escuchar los dientes de Clarisa hundiéndose en una manzana del depósito, o el susurro agudo de su cuchillo cuando le arrebataba la vida ipso facto a una gallina, que luego escondería en su bolsa momentos previos a su huida... o al intento. 

Clarisa errante, ¿cuándo fue que olvidaste las precauciones propias de tu experiencia? 

Ahora Horacio va a tener que entrar a verte, colgando de las manos, y consumirte. 

La bañó en aceite perfumado y extendió un brazo. De su cintura, extrajo su cuchillo ensangrentado con un susurro agudo, y apagó la antorcha con una leve sonrisa, para que el verdugo los ahogara a ambos mientras se ahogaban el uno al otro.

José Tedesco

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Eternidad (8/Sep/2014)‏

"Fuimos al bosque a cazar conejos, pero al final nos arrepentimos. Así que tuvimos que cazarnos entre nosotros" Brenda Castillo.

Aprendí a cazar a temprana edad. Llegaba borracho a la casa, con la cena sobre los hombros o en las manos, y mi vida giraba en torno a las armas blancas y la cacería desmedida.

Nadie se pregunta por qué una flecha nunca se parte, si puedes usarla mil veces y dar en el blanco con ella, siempre.

Llegaste tan sigilosa, y pisando mi territorio tan firmemente, que te confundí con un tigre. Así que te disparé mi flecha entre ceja y ceja antes de poder vencer mi instinto de supervivencia.

Todo sucedió en milésimas de segundo, y a la vez fue eterno. El tiempo es subjetivo y maravillosamente moldeable cuando de amar de trata.

Nos fuimos a una taberna y luego paseamos por entre los árboles, charlando y bebiendo vino copiosamente.

Nos contamos la vida entera, y eso que nunca hicimos el amor con los ojos abiertos.

Tú tenías conejos blancos en tu casa, y te hacían compañía. Yo tenía conejos negros, muertos, en la mía: eran mi comida favorita.

Tú me hablabas de poesía y recitabas versos perfectibles que sólo le quedaban bien a tu voz. Yo estudiaba minuciosamente tu cuerpo con mis dedos.

Un día te vestiste con tu pijama y me besaste por primera vez. Dijiste que era un beso de buenas noches.

Fue entonces cuando finalmente mi flecha terminó su recorrido, pero no era el mismo recorrido que yo había dibujado, o tal vez sí.

Esa noche llegaste borracha a tu casa, conmigo (lo que quedaba de mí) en tus manos, y no hubo sufrimiento, porque a veces una fracción de segundo es eterna. Sólo me dejaste caer al suelo, a mí y a mi flecha, partida a la mitad, y fui la almohada de todos tus conejos blancos esa noche.

José Tedesco

sábado, 1 de febrero de 2014

A ti (2013)

A ti, que no sabes que te escribo, todavía.

A ti, que versé con tu alma en aquella madrugada, e hice prosas con tu cuerpo entero.

A ti, que interrumpes la nostalgia y hasta el tiempo con cada sonrisa.

A ti, lo que me faltabas, a ti lo que tengo por completo.

A ti, mis pesadillas de cada noche y los brazos que me rodean cuando despierto.

Y hacerle el amor a esta hoja con tu imagen en mi mente no es fortuito.

A ti, sin cuerdas ni trucos. Yo no quiero marionetas que se arrastren a mis pies.

A ti las palabras que se cuelan por las rendijas de mis labios y luego por las de tu armadura desgastada.

A ti, etérea y corpórea a la vez, a ti van mis bailes con el lápiz en esta solitaria madrugada.

¿Y a mí? A mí sólo me basta tu respiración.

José Tedesco