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domingo, 21 de septiembre de 2014

Asalto (16 de Septiembre, 2014)‏


El techo era una cortina negra y vieja, un verdugo que ahogaba con sus huesudas manos cualquier vestigio de luz.


Horacio trabajaba todavía, presa de su energía inagotable y de su creciente temor a dormir. 

La vigilia, cada vez más insostenible, actuaba como un guardián infalible contra las poderosas ráfagas que eran sopladas desde el horizonte y venían a embestirle el rostro y a resquebrajarle la calma. 

...Y entre uno y otro golpe de hoz, la escuchó de nuevo. 

Comenzó como lo que parecía un inocente tintineo a destiempo. Era Clarisa, y él lo supo en seguida, pero trataba de ignorarlo. 

Si su instinto de fugitiva hacía su trabajo, podría sortear las trampas con su astucia de siempre, incluso si esta vez habían sido redobladas. 

A medida que sus manos adquirían confianza, el ruido se hizo ligeramente más perceptible. Casi podía escuchar los dientes de Clarisa hundiéndose en una manzana del depósito, o el susurro agudo de su cuchillo cuando le arrebataba la vida ipso facto a una gallina, que luego escondería en su bolsa momentos previos a su huida... o al intento. 

Clarisa errante, ¿cuándo fue que olvidaste las precauciones propias de tu experiencia? 

Ahora Horacio va a tener que entrar a verte, colgando de las manos, y consumirte. 

La bañó en aceite perfumado y extendió un brazo. De su cintura, extrajo su cuchillo ensangrentado con un susurro agudo, y apagó la antorcha con una leve sonrisa, para que el verdugo los ahogara a ambos mientras se ahogaban el uno al otro.

José Tedesco

domingo, 2 de febrero de 2014

Blind (2011)

Palabras vanas son las que se desplazan por la hoja simplemente cuando no sabes qué escribir. Sangre vana que se desplaza por la hoja simplemente cuando no sabes el crimen que acabas de cometer. Es lo que sucede cuando lo único que sabes a ciencia cierta es que estás ciego porque tú así lo quisiste, porque decidiste fingir indiferencia con todo, dejar a un lado tu instinto y simplemente confiar con los ojos vendados en que lo que viene no es una puñalada traicionera. Esta puede ser la historia del mago, del poeta, del empresario, o del simple hombre que está dejando que las palabras salgan solas aquí. Por más valor que alguien pueda tener, es aterrador caminar en un sendero tan oscuro que no tienes idea de lo que vas a encontrar al dar el siguiente paso. Puedes encontrarte una felicidad inmensa, puedes encontrarte a una serpiente venenosa que te clave sus colmillos. He encontrado ambas, he llorado y he reído ante tanta inestabilidad.

José Tedesco