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sábado, 8 de febrero de 2014

Eva (2011)

Tú, que eres mi Eva,
sabrás lo que la manzana hace,
cuando la tentación avanza
vestida de elegancia y clase.

Aquí estoy yo,
cayendo en mi propia trampa,
bajo mi propia lluvia,
lluvia que no escampa.

A lo lejos, tu silueta,
bajo un paraguas negro,
"¿Qué has hecho?" me preguntas.
Yo, sólo con verte, me alegro.

En mi espalda, una cruz,
de tu cuello pende un dado,
en mi mente dando vueltas
un "te necesito a mi lado".

Un demonio sonriente
que con su manzana llega.
"Estás débil, yo te cuido"
es lo que él alega.

Envuelto en una ilusión,
de alcohol, conmoción y veneno,
intenta tocar mi corazón
un profundo desenfreno.

Prosigo aquí, bajo la lluvia,
mezclando gotas con dolor,
y en el medio de las nubes
aparece un resplandor.

Caminando a tu lado
mis problemas son un chiste,
se adhieren a mi ropa,
y tus manos me desvisten.

Sedúceme, muerde mi cuello,
tú más que nadie eres testigo,
que para mí tu ombligo

es el mejor de los abrigos.

El título que usted desee (Primer poema. 2007)

Cierto día iba caminando,
tal como siempre lo hago,
algo en la gente andaba raro,
¡yo no podía creerlo!

Sus ojos estaban cerrados,
y así recorrían las calles,
yo no perdía detalle,
los contemplaba pasmado.

El paisaje era hermoso
donde quiera que veía,
todo florecía
cual pintor haciendo esbozos.

¡Asombroso! me decía,
más mayor era mi asombro,
cuando, al mirar por encima del hombro,
notaba que nadie veía.

Cuando tu felicidad se veja,
no debes cerrar los ojos,
pues es pasar el cerrojo
y encerrarte tras las rejas.

A mis oídos llegó el espanto,
por lo que a lo lejos escuchaba:
al pie de un árbol estaba
una niña hundida en el llanto.

Me acerqué un poco afligido,
me dijo con desconcierto:
"mi corazón está despierto,
por eso puede ser herido".

Me miraba con empeño,
la niña no me mentía,
pues en sus ojos brillantes, veía
brillar corazón y sueños.

“Una vela no fue hecha -le dije-
para, después de prenderla,
correr a esconderla
y que no ilumine ni una brecha.

No ocultes tu humilde luz,
no temas al enemigo,
pues, al herirte, llevará consigo
una marca, una cruz”.

Cuando tu felicidad se veja,
no debes cerrar los ojos,
pues es pasar el cerrojo
y encerrarte tras las rejas.

Puse a la niña en mis brazos,
me soltó, estaba sonriendo,
se despidió y se fue corriendo:
florecía vida a su paso.

Ayer te vi, te estaba buscando.
Te vi, y llovía a cántaros;
y sé que detrás de tus párpados
también me estabas mirando.

Me recordaste a aquella niña.
-Abre los ojos, -te dije-
que el infierno nos aflige
pero el cielo nos anima.

Y si te hieren, si ese es el caso,
no eres pequeña ni frágil,
pero la solución es fácil:
podrás llorar en mis brazos.

Cuando tu felicidad se veja,
no debes cerrar los ojos,
pues es pasar el cerrojo
y encerrarte tras las rejas.

El Robot (2013)

               Y allí estaba el científico despiadado, 
con su robot destartalado compuesto de partes 
humanas, queriendo que corra. Cuando la mitad 
de sus piezas ya están defectuosas de tantos inten-
tos fallidos de hacerlo caminar. Un paso, dos pa-
sos, un golpe en la sien por tambalearse, y con las orejas que casi se caen, percibe un zumbido fami-
liar. El veneno del óxido y la sulfatación que i-
nunda el lugar, él ni siquiera lo ha producido, pe-
ro al robot se le escapa por los poros de todas 
formas, y el científico lo encuentra ácido, inso-
portable. Le costará otro golpe en la sien. De una patada, el robot abre una puerta que parecía se-
llada, pero que en realidad estaba abierta. Un pa-so, dos pasos y, por primera vez en mucho tiempo, empieza a correr.

El Fin (Fecha desconocida)

Con el mirar de los humanos,
con su mirar altivo,
se encontraba aquel señor
con un aire pensativo.

Interrumpen sus pensamientos,
unos ojos penetrantes:
un gato mirando fijamente
con actitud suplicante.

Lo contemplé con curiosidad,
como preguntando: “¿qué dices?”
Sus ojos: sabiduría.
Mis ojos: dos aprendices.

Me dejé llevar,
me hundí en esos ojos,
cuyo reflejo era fuego,
destrucción y despojo.

Me mostró claramente el infierno,
ni una flor en las cenizas.
Ni una palabra de amor,
ni siquiera una sonrisa.

Fue al escuchar la triste melodía
de una mujer que a lo lejos cantaba,
que comprendí lo que me mostraba el gato:
Era el planeta Tierra donde me encontraba.

Volví a mi cuerpo, perplejo,
agradecí al gato, más no sé si me entendió,
miré a mi alrededor,
y no me fue difícil imaginar lo que me mostró.

Muchos dormirán tranquilos,
pero hoy aprendí en mi insomnio,
que el infierno es nuestra obra,
y nosotros los demonios.


...La justicia se acerca, y no decido si quiero arrodillarme y caer de primero con humildad y cobardía, o esforzarme en mantenerme de pie, para contemplar hasta el final la barbarie de la que somos autores...

El Cielo de tu Rostro (2012)


Me encuentro contigo, 
domadora de reyes 
que se tornan borrosos 
en los recovecos asombrosos 

De aquel camino 
que muchos osan 
llamar destino, 
el cual serpentea 

Despojando de cordura 
a todo aquel que, 
aún dentro de su investidura, 
hace a un lado sus miedos, 

y se aventura 
Como caída en picada, 
a la marea fortuita 
del atardecer ardiendo.

Enérgico, 
como el canto de aquel ave 
que te vio llegar, 
que reparó en nuestros pasos, 
como los retazos

Que, uno a uno, 
fueron componiendo este cuento 
que, si bien no es perfecto 

y tampoco es para niños, 
la enseñanza a la que me ciño 
es algo que no se le quita.

Me gusta el cielo de tu rostro, 
porque tiene dos lunas 
rodeadas de estrellas, 
que se hacen más bellas 
cuando llega el amanecer. 

Y en aquel atardecer, 
voy a verte una vez más, 
luego de la dulce retahíla, 
para amanecer contigo 
y que no importe nada más.

Dulce Mujer (2010)

Cuando no veía nada,
oscuridad completa,
ilumina un rayo de luna
dibujando tu silueta.

La luz se posa en tus ojos
para enfatizar el agravio,
y por si eso fuera poco
ahora también en tus labios.

Acuéstate en mi pecho,
superemos las distancias,
que el momento ya ha llegado,
que te he esperado con ansias.

Eres la dulce mujer
por la cual alzo mi espada,
dedicando mi victoria
una vez ha sido lograda.

En cuyos brazos cierro los ojos
después de cada batalla,
tu sonrisa, mi gran meta,
tus caricias, mi medalla.

 Pues sí, estás en mi pecho
cuando mis ojos se enfocan,
y brincos da mi corazón
cuando tus manos lo tocan.

Alza la vista si no me crees,
siente nuestros labios juntarse,
y con ellos nuestras almas:
¡somos una obra de arte!

Una de las cosas más bellas
es verte en mis brazos dormidita,
así que cierra los ojos
que yo te amaré otro rato, Chiquita.


... Soltó sus espadas, siendo elevado por su oponente, y en tal acto había tanto sentimiento, que de su espalda surgieron alas. Emprendió el vuelo, y nunca más se le vio caer...

Depredador – Presa II (2010)


Siempre con cautela,
ya conoce el territorio,
desplegando de sus armas
un muy amplio repertorio.

Se desliza cuidadoso
por el pasto y la maleza,
calculando sus movimientos,
acercándose a su presa.

El depredador evita,
las trampas y los obstáculos,
para hacer de la cacería
un arte, un espectáculo.

Y ahora que se encuentra cerca
y que no ha sido notado,
sabe con total certeza
que la batalla ha ganado.

Cuando quiebre tus defensas
habrá mucho que te asombre,
pues verás en mis ojos
mucho más que un simple hombre.


El depredador se hace notar,
la presa no puede huir,
sus músculos no responden,
su miedo no puede omitir.

Se deleita la vista
dando vueltas alrededor,
“Mi cena está servida”;
es lo que piensa el depredador.

La presa, por su parte, espera
a que un error el depredador cometa,
pero tal esperanza
viene a ser obsoleta.

Ya no estás a la defensiva,
ya puedo pasar al ataque,
mi boca será ese alumno
que en tu espalda se destaque.

Débil ante mis palabras,
débil ante mi presencia,
yo aún más débil si el destino
me coloca en tu ausencia.


Peligroso para tu corazón,
pero como una droga, lo mantengo activo,
tú mi musa misteriosa,
yo un poeta pensativo.

Hoy la luz de la luna
nos llenará de color,
pues mientras el depredador come,
yo también: te hago el amor.

Y cuando él se retire
a digerir en la penumbra,
yo aún te tendré a mi lado
y estará más completa que nunca.


... Hoy lanzaré los dados, sólo para decidir por dónde empezaré a besarte...